viernes, 5 de marzo de 2010

Un vuelo accidentado.

Me ha dado últimamente por hacer algunas estrofillas y tengo que pedir perdón por la osadía, aunque en mi descargo aduzca una cita de Autoridad como la de D. Miguel de Cervantes cuando dice:
Yo, que tanto me afano y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo.
Bueno, estoy divagando y no quiero agotar la paciencia de quién pudiera caer en la tentación de leerme.

¿Ouién a sus quince dieciseis o diecisiete años no se emocionó con los versos de Bécquer, Machado Neruda o Sor Juana Inés de la Cruz y no intentó en algún momento emularlos?
Yo no me libré de ello e hice algunos pinitos en el arte de Polimnia y fui anoyando, los que me parecieron mejores, en un cuaderno que sieempre me acompañaba.

Pasó el tiempo, hubo que buscarse la vida y, entre unas cosas y otras, olvidé aquellos primeros escarceos poéticos, aunque no el cuaderno, que siempre me acompañaba.

Inicié mi vida profesional, y en una de aquellas "voletinerías" me encontraba destacado en Gran Canaria con mi Escuadrón de Caza-bombardeo nº 7, a cuyos aviones apodabamos "buchones", no, no temais, no explicaré el por qué de este calificativo.

Una de las Escuadrlllas, a su vez, estaba destacada en El Aaiun, y semanalmente se procedía a su relevo, en uno de estos, y del que yo formaba parte, ocurrió lo que seguidamente narraré.

Esta operación requiere cierta logística de trasporte para lo que debiamos utilizar los antiguos aviones JU-52 (Junquer), ya bastante baqueteados, pero era lo único que teniamos para este fin, en ellos debiamos transportar herramientas, repuestos, municiones y equipajes, entre los que se encontraba el mio, mi maleta, y mi inseparable cuaderno.

En este avión viajaba también un Cabo legionario que llevaba frutas y verdura fresca ,amén de alguna botella de tintorro camuflada entre las lechugas y destinadas a alguna unidad legionaria también destacada por aquellos desiertos.

Amitad del trayecto, sobre el Atlántico, notamos algo extraño en la estabilidad de la aeronave, y al momento el mecánico que se asoma por la portezuela de acceso a la cabina y nos dice con la mayor tranquilidad del mundo: " Un motor se ha parado, otro está fallando y perdemos altura, asi que vamos atirar la carga para intentar llegar a nuestro destino con un sólo motor y mínimo peso.

En un abrir y cerrar de ojos abrimos el portalón y nos dedicamos a lanzar cajss de herramientas, repuestos, municiones equipajes y alimentos en los que colaboró eficazmente el legionario cuyos brazos semejaban aspas de molino lanzando paquetes al vacíom mientras mascullaba; Dios mio, Dios mio, que será de mi mujer y mis seis hijos.

Entonces alguién se asoma de nuevo a la portezuela y nos grita: !basta, basta, parad ya! que empezamos aganar altura, a lo que el radiotelegrafista, socarronamente dice: "Pues ya como no tiremos al legionario".

Así pués, aquél cuaderno que siempre me acompañó ahora yace en el fondo del Oceáno, tal vez era lo que se merecía, aunque bien mirado es una forma muy romántica de descansar para siempre.

A mis amigos y por algún tiempo compañeros, Juan OrdÇoñez y Paco Téllez.

miércoles, 3 de marzo de 2010

corrección

En la primera cuarteta, segundo verso debe poner "se divisan" en vez de se distinguen, pues esto se contradice con la siguiete en que digo.

Volando bajo

Ala altura a la que vuelo
se distinguen varios pueblos,
desde aquí no los distingo,
me acercaré mas al suelo.

Ese parece Alpandeire,
esotro Júzcar será,
y este tan blanco y tan llano
deberá ser Faraján.

Si, ya no cabe duda,
su Plaza no tiene igual,
varias personas se encuentran
charlando en ese lugar.

Ese de la barba es Pedro,
!cuando se la arreglará!
¿Hasterminado la casa?
se me ocurre preguntar.

Y Teresa en su terraza
espera que sea la hora
para el Rosario rezar
que si por hacer tal cosa
se tuviera que pagar
iba a rezar Santa Rita.
os lo juro, !de verdad!

Vicente habla de su huerto
Salvador y el "niño Plácido"
de castaños y de injertos,
Patrocinop se va pronto
pues ha visto a Juan llegar
y po la cara que tiene
es que quiere merendar.

Por la calle del Molino
suben Bárbara y Rosario
tal vez porque quieren dar
su paseo habitual,
!esperadme!,dice Nati,
que os voy a acompañar.

José Diego, muy tranquilo,
y por el mismo camino
lleva alimento diario
a las aves del corral.

Se oyen voces infantiles,
gritos carreras rechiflas,
son los niños que ya vienen
de la piscina, entre risas,
sus madre se desesperan,
porque se quieren quedar
jugando "un poquito mas"

!Paco, levanta ya el vuelo!
es Rogelio quien me envía
este aviso, que agradezco,
porqu volando tan bajo
peligra mi anatomía.