Por la carretera abajo
viene un hombre caminando,
con una vara de mimbre
de acebuche o de castaño
tantea cada uno de sus pasos.
Sus ojos ven más allá
de lo que pensarse pueda,
cada piedra, cada hoja
cada castaño u olivo
en su corazón tan grande
lo considera su amigo.
La fragancia de la hierba,
y el brillo que las mañanas de sol
arranca de las gotas de rocío
son pequeñas alegrias
que saborea complacido.
Yo, que no soy piedra ni hoja
ni castaño ni rocío,
quiero ser también tu amigo.
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1 comentario:
Amigo Paco: ¡ese soy yo!, el actor que narras en tu poema, es mi perfil perfecto, muy bonito, gracias por elogiarme.
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